Novak Djokovic ganó Wimblendon en 2018 / wimblendon.com

Fortnite

Cuando Fortnite reparte más dinero que Wimbledon

La guerra por repartir el mayor premio de los esports ha alcanzado su cima en 2019. Hace unos meses nos enterábamos que el mundial de Fortnite repartiría 30 millones de dólares a finales de julio, una cifra que entonces estaba muy por encima del resto de rivales en los deportes electrónicos.

Tras pasar 10 clasificatorios, los participantes del evento en Nueva York tienen garantizado un premio mínimo de 50 000 dólares, cantidad bien generosa para los bolsillos de cualquier mortal pero insignificante comparada con la que se embolsará el ganador: 3 millones de dólares. Por comparar, el que se lleve la ensaladera de Wimbledon el próximo domingo aumentará su cuenta corriente en 2,9 millones.

Dota 2 tiene la mayor cantidad de jugadores profesionales millonarios / Valve Corporation

¿Algún tenista colgará la raqueta por el ratón? Quizá cuando se enteren que el juego de Epic Games no es un caso aislado. The International lleva muchos años siendo el rey Midas de los deportes electrónicos y no quiere que un battle royale recién llegado le arrebate el trono. El mayor torneo de Dota 2 del año financia sus millonarios premios a través de la venta de objetos del propio juego, y esta edición ya ha recaudado una cantidad superior a la de 2018.

A más de un mes de que se celebre, el evento de Shanghai suma más de 25 millones de dólares, cifra que todavía puede aumentar con inyecciones de capital de Valve y con packs de contenido especiales. La compañía puso a la venta hace unas semanas un DLC valorado en 120 dólares por apenas un cuarto de ese valor, lo que impulsó la bolsa de premios en cuatro millones de dólares en apenas unos días.

Dicen que el dinero no da la felicidad, pero que proporciona una sensación tan parecida que se necesita de un especialista para diferenciarla. En cualquier caso, saber que el ganador del mundial de Fortnite se lleva un premio cinco veces superior al del ciclista más rápido del Tour de Francia, hace que nos planteemos si merece la pena seguir saliendo a entrenar con la bici. O quizá no.